Matar al Inventor

Existe una sub-especie humana, probablemente introducida en la tierra hace miles de años por alienígenas o creada por uno o varios Dioses ociosos, que tiene un sentido innato del incordio. Uno puede incordiar momentaneamente al prójimo de mil maneras, pero eso es parte de la convivencia en sociedad. Estornudarle en la espalda al vecino de vagón del metro, que tu perro se mee en la rueda del vecino de casa, que el cartero te deje por error una carta del vecino… Sin embargo, estos seres se las apañan para incordiar continuamente, cuando menos te lo esperas y en cualquier lugar. Se autodenominan “Inventores” pero son en realidad “desarrolladores de putadas con mala fe”.

¿Acaso es posible que una persona normal, en su sano juicio y sin ánimo de incordiar, inventase el retractilado de plástico duro para los paquetes? ¿Qué cara se te queda cuando compras algo retractilado de ese modo y tienes que volver a la tienda a comprar unas tijeras de trinchar pollo para poder abrir el maldito paquete? No digamos si por algún motivo tienes que devolverlo “en su embalaje original” para que te reintegren el dinero.

Claro que para empaquetados pensados con las posaderas, las bolsas de aceitunas manzanilla. Como se te ocurra cortar la bolsa antes de coger el recipiente de la estantería de arriba para presentarlas y necesites las dos manos para cojerlo, ya me dirás donde sueltas la bolsa abierta. Supongo que la podrías poner junto a la bolsa de leche abierta del mismo modo. Por cierto, ¿Es posible abrir un tetra brick de leche de los que tiene tapón de rosca y no tirar los primeros 50 o 100 ml de leche al servir el primer vaso? Yo, desde luego, no soy capaz.

Pero no sólo los inventores de recipientes se han cubierto de gloria. Un grupúsculo de esta sub-especie se asoció hace tiempo y montó una corporación cuasi satánica, que persiste hasta nuestros días con el inofensivo nombre de Ikea. Pase que un mueblecito traiga suficientes tornillos como para apuntalar la Torre Eiffel, pero hay que ser muy mala persona como para ponerle a las cosas nombres que salvo que seas escandinavo no puedes leer.

El silenciador extraible de las motos, el claxon politónico de los coches, los pinchitos de madera que se queman en la barbacoa, la pegatina antirrobo de las grandes superficies que siempre está puesta en la parte del producto que necesitas leer antes de comprar, el dispensador de tiquets de turno, que a veces se usa y a veces no, en función de si tú has cogido uno, son todos inventos desarrollados para incordiar al prójimo. Y no es razonable que lo hayan inventado seres humanos. Lo dicho. Sin duda viven entre nosotros y se relacionan con nosotros con normalidad, pero de humanos, poco.

Feliz entrada de año!

Anuncios

Deja tu comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s