El desafío de los nuevos medios de pago

Formas de PagoAunque con un comienzo titubeante y un crecimiento inicial algo más lento que en los países de nuestro entorno, parece que el comercio electrónico finalmente ha cogido velocidad de crucero y el consumidor español comienza a perder el miedo a realizar sus comprar por Internet. Una de las principales barreras que tuvimos que superar en España fue el miedo a la utilización de nuevos medios de pago, especialmente de manera virtual. Nos guste o no, somos un país acostumbrado al billete y la moneda, y las tarjetas eran hace solo unos años un bien que muchos asociaban al lujo.

El auge del comercio electrónico y las restricciones al uso del dinero en efectivo están produciendo un aumento considerable de las transacciones por medios de pago digitales y la simplificación de los procesos. El primer gran jugador en este terreno fue PayPal, que de la mano de eBay logró implantar una pasarela de pago bastante universal en la que cualquier persona podía enviar o recibir un pago con una cuenta virtual asociada a una tarjeta de crédito o débito o incluso una cuenta corriente. En España nos hemos resistido al uso de las nuevas tecnologías como medios de pago y somos uno de los países con mayor uso del pago mediante envío contra-reembolso, un sistema que en mi opinión está desfasado y crea enormes problemas logísticos a nivel global debido a la gran cantidad de rechazos que se producen en las entregas.

Armario AmazonUna de las empresas que más ha logrado empujar el comercio electrónico en España en el último año es sin duda Amazon, y esto no es fruto de la casualidad. A su inmenso catálogo y su habitual rapidez de entrega se le suma un proceso de pago extremadamente sencillo y rápido con la garantía de seguridad que ofrece el gigante Norteamericano. Pues bien, Amazon es consciente de que el negocio de PayPal es inmenso y se ha decidido a meterle mano de manera directa lanzando Amazon Payments. Amazon Payments permite a cualquier web ofrecer el pago de los productos usando la cuenta de Amazon del comprador con un sistema de compra igualmente sencillo y rápido. Es más, con Amazon Payments, los clientes ya no tienen que darse de alta en la web que lo ofrezca porque la información del comprador se puede extraer directamente de Amazon por parte del comerciante. Las tarifas para los vendedores son un clon absoluto de las que ofrece PayPal, y creo que en general esto es muy beneficioso para el comercio electrónico porque seguramente derive en breve en una lucha comercial entre los dos gigantes que abarate las tarifas para los comercios online, lo que debería tener un impacto directo en los precios de las tiendas.

Pero Amazon no ha sido el único gigante que se ha lanzado a competir con PayPal en las pasarelas de pago universales. Apple, que tiene una gran experiencia en la gestión de pagos a través de su tienda de contenidos ha lanzado también Apple Pay, y lo ha hecho con el toque de innovación que suele aportar la empresa de Cupertino a sus productos: la autorización biométrica. De este modo, los usuarios de Apple Pay podrán realizar compras en las webs preparadas para recibir pagos con este sistema utilizando, si así lo desean, identificación biométrica en lugar de escribir su contraseña. De este modo, un usuario que disponga de un teléfono móvil con reconocimiento de huella dactilar o con reconocimiento basado en el análisis del ojo, podrán usar dicho reconocimiento para autorizar un pago, ya no solo presencial, sino también online.

El desafío que enfrentan los comerciantes online consiste, en mi opinión, en invertir en la adopción temprana de estas tecnologías para posicionarse mejor que la competencia. Sin embargo, ofrecer más formas de pago significa más gestión interna, más control, y mayor dispersión del ingreso, lo que podría derivar en un incremento de los costes operativos debido al incremento de las comisiones que los distintos medios de pago cobran. Desde luego, lo que empieza a estar sobrando es la compra contra-reembolso, que además de ser muy poco operativa genera muchos costes para el comerciante. La pregunta es: ¿serán capaces de eliminar el pago contra-reembolso los pequeños comerciantes y renunciar a un todavía importante segmento de compradores? Creo que a la velocidad que esto se mueve, tendremos respuesta antes de que acabe el año.

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Google, el nuevo fascismo

Presa del Fascismo Empresarial
Presa del Fascismo Empresarial

Leo en Wikipedia que el proyecto político del fascismo es instaurar un corporativismo estatal totalitario y una economía dirigista, mientras su base intelectual plantea la sumisión de la razón a la voluntad y la acción, aplicando un nacionalismo fuertemente identitario. Bien, elimine la palabra estatal al principio y sustituya nacionalismo por corporativismo empresarial al final y, si ha trabajado con Google, verá que es una definición que le viene como anillo al dedo al gigante de Internet [y de los móviles].

Google es, de facto, el dueño de Internet. Si no apareces en Google no existes. Antes, tener una buena presencia en las redes sociales como Facebook te garantizaba un buen posicionamiento en Google. Ahora, si quieres estar posicionado, tienes que estar bien presente en Google Plus. Por si no lo sabe, Google Plus es una red social que desarrolló Google cuando Mark Zuckerberg no le quiso vender Facebook. Por tráfico, google.com es el sitio web que recibe más visitas del mundo. El número dos del ranking es facebook.com, pero esto no es lo suficientemente importante para Google como para tenerlo en cuenta de manera significativa al organizar sus resultados de búsqueda. Para Google es mucho más importante que uno esté en Google Plus, incluso si sólo estamos para mejorar los resultados de la búsqueda orgánica en su dichoso portal. Más importante aún es que mucha gente le tenga en círculos, que es la forma no-natural que tiene Google de agrupar a las personas en su red social. Por si se lo está preguntando, sólo el 12% del tráfico que recibe Google pertenece a Google Plus (datos de Alexa en el momento de escribir este artículo).

Google está por encima del bien y del mal y desde luego por encima de la ley en general. En la Comunidad Andaluza, como en la suya sea la que sea, tenemos una serie de normas que a su vez se supeditan a las normas y leyes de nuestro país que, por lo general, suelen estar enmarcadas dentro de las normas y leyes de la Comunidad Europea y digo por lo general porque en materia de doble imposición y otras curiosidades, parece que vamos por libre. Estas normas y leyes regionales, nacionales e internacionales le son de aplicación, en principio, a todo el mundo, pero la experiencia me demuestra que Google está por encima de las normas y las leyes y obra a sus anchas.

El abuso de la posición dominante, la competencia desleal, la imposición de su voluntad, y la obligación de pasar siempre por su aro, o sea, el fascismo que practica a diario, parece no importarle a nadie. A mí me asusta y más aún cuando leo que su sistema operativo Android sigue creciendo en los dispositivos móviles que usamos cada vez más. Ahora el dictador-censurador estará omnipresente además de en su PC, en su teléfono. ¿Sabía usted que Google “lee” sus correos electrónicos de Gmail para crear anuncios acerca de las cosas de las que usted habla en sus correos? Si no me cree, lea la explicación que da Google al respecto aquí. A estos señores le estamos dando acceso a nuestra comunicación personal en el móvil. ¿Qué será lo siguiente? ¿Escuchar nuestras conversaciones para ponernos anuncios de las cosas de las que hablemos?

Con Google no se puede razonar. Incluso cuando te dan la razón, te dicen educadamente que lo entienden pero que les da igual. Te sugieren que si no estás conforme, aunque tengas razón, te busques a otro proveedor. Pero te lo dicen porque en su fascismo son conscientes que los inútiles de los políticos les han dejado convertirse en el único proveedor, el monopolio de Internet. Sólo Facebook parece resistir y, a cierta distancia Yahoo y a mucha distancia Microsoft. Es una paradoja que el ciberespacio, el lugar que parecía estar llamado a permitir nuestra libertad de expresión en su máximo grado de evolución, esté regulado por los gustos y antojos de una sola empresa y por su fascismo digital en el que o eres Ario en lo que a su política respecta o estás muerto [presencialmente hablando, claro].

A Google le importa un pepino o un pimiento, o ambos, si usted quiere vender un producto de curso legal o no. La legislación es secundaria. Lo que le importa es si el producto cumple la política de Google o no. Si usted pierde su valioso tiempo y dinero creando un producto que cumpla con la legalidad, que esté autorizado en España y en la Comunidad Europea, que cumpla todas las normativas habidas y por haber (que no son pocas) y acaba teniendo un producto que vender en Internet, más le vale que no esté en la lista negra de Google, porque entonces no lo va a poder vender.

Esta lista negra -que Google llama “Política de Google” y que está por encima de la ley- tiene una curiosa propiedad física (o quizás metafísica, no se), y es que es moldeable al antojo del departamento de Política de Google. Me explico: cuando alguien pone un anuncio de un producto que supuestamente atenta contra la política de Google, lo importante para decidir si se permite el anuncio o no, nada tiene que ver con la legalidad o legitimidad del producto, sino con quien es el anunciante. Algunos anunciantes si, otros no. O sea, una “política plastilina” que se puede modelar a gusto. En realidad, es una farsa que forma parte del fascismo que utiliza en su negocio. Funciona de este modo: pongo una norma que impide sólo a quien yo decida anunciar su producto.

Si Google quisiese prohibir anuncios de un producto, lo único que tendría que hacer y -que de hecho hace con algunos productos- es vetar la palabra clave. Por eso, cuando usted hace una búsqueda de la palabra “porno” (aunque los dos sabemos que usted jamás ha hecho tal cosa) no aparecen anuncios de Google. Esta es una clara aplicación de su política al respecto de los anuncios vetados.

Sin embargo, si usted busca la palabra “adelgazar”, algunos anunciantes aparecen y otros no aparecemos. Llevo dos días con mi cuenta de anunciante inhabilitada para anunciar cualquier producto porque he cometido el grave delito de querer anunciar mi libro en Google. Un momento… no, no es un delito. Ahora que lo pienso es un libro legal, editado legalmente, vendido legalmente, con su deposito legal y su ISBN… Bueno, en realidad he atentado contra la política de Google, que obviamente es mucho más importante que la legislación vigente. Le he pedido a Google durante dos días que me deje anunciar otros productos ya que no me deja anunciar mi libro, pero Google se niega hasta que quite mi libro de la web (o modifique la web para que un libro que se llama “Adelgazar sin Milagros” no incluya la palabra “Adelgazar” ni nada que haga referencia a la pérdida de peso, cosa harto difícil.

Yo, humildemente y para aprender de mis errores y de los aciertos de los demás, he preguntado porqué puede anunciarse Amazon, si ellos también venden mi libro y yo no. Y la respuesta ha sido, a grosso modo, que la política de Google no se aplica a todos por igual, de ahí el descubrimiento de la propiedad [meta]física de la política de Google de convertirse en plastilina al antojo del departamento de “política”. Lo cierto es que mi libro cumple escrupulosamente todas las normas (que no son pocas) en lo referente a productos para la pérdida de peso, pero eso da igual. Aparentemente lo que importa es que no cumple la moldeable política de Google y por eso estoy aquí, despachándome a gusto y con un cabreo soberano.

El problema -y Google lo sabe perfectamente- es que la palabra “adelgazar” genera 4,5 millones de búsquedas al mes en nuestro país. Cada búsqueda genera un número no publicado por Google de clicks en los anuncios y estos clicks los cobra Google, y bastante bien por cierto. Son millones de euros mensuales a los que Google no quiere renunciar de manera directa, por eso no limita el uso del término en la creación de anuncios. Para colmo, este negocio de millones de euros que se genera en España no tributa en España, sino en Irlanda y además, está exento de IVA local. Hasta donde yo se, ingreso para el estado español = cero. ¿Y qué hacen nuestros políticos? Siguen estrangulando al cotizante español y mirando a sabiendas de que esto ocurre. ¿casualidad? Ya he dicho muchas veces en el blog que no creo en este tipo de casualidades.

No me quiero extender más en este tema, pero la guinda del pastel ha sido cuando los responsables de mi cuenta de anunciante en Google me han dicho que el problema reside en las presiones que recibe Google por parte del gobierno de este dichoso país para que no permita que se promuevan productos que puedan ayudar en la pérdida de peso y que esta política restrictiva de Google acerca de los productos para perder peso sólo se aplica en España y en México, que copió el modelo Español. Si un día alguien abre fuego indiscriminadamente contra los políticos que nos desgobiernan, no me va a extrañar lo más mínimo. La capacidad que tienen estos tipos de tocarnos las narices, dificultarnos las cosas, burocratizarlo todo y, en general, romper todo lo que tocan es abrumadora.

 

 

Todavía más mediocres

Logo Financiado por Kickstarter
Logo Financiado por Kickstarter

El otro día escribía un post titulado Mediocres, S.A. acerca del proyecto de ley de fomento de la financiación empresarial que maneja el [des]gobierno. En él denunciaba que el gobierno está trabajando en una ley para volver a atizar a los emprendedores, a los creativos y a los micro empresarios de este país. No contentos con dificultar el acceso a la financiación pública, nuestros mediocres gobernantes se han propuesto acabar con la micro financiación privada. No se acostumbre a ver el logotipo de la izquierda en este país de mediocres…

Lo cierto es que el artículo no ofrecía demasiados datos concretos del impacto que tendrá esta ley, entre otras cosas porque no disponía de los datos cuando lo escribí. Sin embargo, la diosa fortuna ha hecho que esos datos lleguen ellos solitos a mi bandeja de entrada en forma de correo electrónico remitido por Kickstarter, la web de crowdfunfing más grande del mundo. En mi artículo comentaba que en algunas ocasiones he aportado mi granito de arena a algunos proyectos que se han financiado de manera privada siguiendo este modelo y lo he hecho precisamente a través de esta popular web, referente del sector.

Pues bien, quiero compartir los datos que acaba de hacer públicos Kickstarter para que tengamos una idea de como el [des]gobierno quiere regular -más bien atrofiar- un importante motor emergente de la economía en otros países justo cuando empieza a hacerse popular en España. El correo electrónico original con todos los datos en inglés está disponible aquí para quien lo quiera leer.

Desde su creación, Kickstarter ha logrado recaudar más de 1.000 millones de dólares para inversiones en nuevos proyectos. En total, 5,7 millones de personas han invertido en los proyectos anunciados en la popular web. Lo interesante de este dato es que más de la mitad de ese dinero se ha recaudado en los últimos 12 meses, algo que muestra claramente el crecimiento y potencial de este modelo. Creo que esto es precisamente lo que ha hecho que el [des]gobierno pretenda cargárselo. Imagínese, ¡conseguir financiación para su proyecto sin engordar las arcas del Sr. Botín y sin pasar por caja para dar nada a los políticos! ¡Qué osadía!

¿Pero es esto una tendencia mundial o sólo los yanquis hacen esto? Pues mire, los 5,7 millones de personas que hemos invertido en estos proyectos venimos de 224 países y territorios de los 7 continentes. Dice el [des]gobierno, como siempre, que su ley es para proteger al pequeño inversor, claro, claro… Este modelo es tan malo y tan peligroso sin la pertinente regulación que de los 5,7 millones de personas que hemos invertido sin regulación alguna en al menos un proyecto, 1,7 millones, el 30%, hemos repetido experiencia. Cualquier negocio de Internet sufre por tener una tasa de repetición del 5% y estos señores de kickstarter barajan una tasa de repetición superior al 30%. Lo más curioso: casi 16.000 personas han invertido en más de 50 proyectos. Ya podemos hablar de profesionales del crowdfunding.

De los 1.000 millones de dólares recaudados, 619 millones provenían de personas que ya habían invertido en otros proyectos. O sea, el 62% del capital invertido proviene de personas con buenas experiencias previas.

El día que se lanzó Kickstarter, el 18 de Abril de 2009, 40 personas invirtieron 1.084 dólares en 7 proyectos, a una media de 155 dólares por proyecto. El 13 de marzo de 2013, apenas 4 años después, 54.187 personas invirtieron un total de 4.029.586 dólares en 1.985 proyectos distintos, a una media de unos 2.000 dólares por proyecto. Ahí tienen ustedes la progresión de un mercado y un modelo empresarial absolutamente explosivo.

En estos escasos 5 años, esos 1.000 millones de dólares han ido a financiar, entre otras cosas, documentales, juegos de mesa, obras de teatro, miniordenadores Arduino, libros de arte, exhibiciones fotográficas, espacios públicos, plataformas de código abierto, libros de cómic, musicales, lámparas, piscinas, restaurantes, esculturas, camiones de alimentos, cuartetos, vídeos de animales domésticos, carteras finas, películas de terror, libros de poesía, novelas gráficas, videojuegos, satélites, miniaturas, albums de hip-hop y el instituto Marina Abramovic. Esto es sólo una muestra de lo que nos perderemos en España por culpa de los inútiles que tenemos tomando decisiones que malgastan su tiempo y nuestro dinero creando leyes y más leyes, reglas y más reglas, normas y más normas, que solo sirven para empobrecer a los de siempre y enriquecer a los de siempre.

Quiero acabar este post traduciendo el mensaje final de Kickstarter. Es el espíritu emprendedor hecho verbo. Justo lo contrario de lo que promueven los mediocres politicuchos que nos [des]gobiernan:

“Cualquier cosa que tengas en mente, ¡hablemos! 1.000 millones de dólares significa que las personas tienen interés en las nuevas ideas, y que compartiendo las ideas con nuestros amigos, con nuestros familiares y con todo el mundo en Internet, podemos conseguir cosas realmente extraordinarias. Celebramos todas las ideas geniales que ha habido en todo el mundo y todas las que quedan por llegar, agradeciéndoos a todos que seáis como sois. Mil millones de gracias.”

Y ojo, sólo un apunte más: Kickstarter es sólo una de las numerosas plataformas serias de crowdfunding que existen. Si piensan hacer números, hágalos incluyendo a todas.

 

 

Mediocres, S.A.

Sociedad Mediocre
Sociedad Mediocre

Un país con dirigentes mediocres sólo puede generar una sociedad mediocre. Ahí es hacia donde nos dirigimos cogiendo velocidad conforme el tiempo pasa y nuevas leyes, normas y estupideces varias van apareciendo. Este gobierno es mediocre. El anterior también lo fue y sospecho que el próximo también lo será. Y mientras tanto, Botín más rico y usted más pobre. Curiosa coincidencia, ¿verdad?.

Ayer me contaron que el [des]gobierno prepara una “Ley de fomento de la Financiación Empresarial” que entre otras cosas regulará el crowdfunding. Es que no falla: algo empieza a funcionar y llega el gobierno de turno a meter la mano y estropearlo. El crowdfunding surge en Estados Unidos como solución a la financiación privada de proyectos a base de micro aportaciones. De este modo, si uno tiene una buena idea puede explicarla en una web y presentar su plan de negocio y cualquiera que pase por allí puede hacer su aportación para financiar su proyecto. A cambio, se lleva lo que ofrezca el emprendedor.

La idea es sencilla: si no tienes nada más que una buena idea, y quieres ponerla en marcha rápido, convence a los curiosos de que la idea es buena y ellos te la financiarán. Con ello, un emprendedor evitaba, por ejemplo, tener que jugarse su casa para lanzar un proyecto. Si el proyecto no funcionaba, nadie perdía una cantidad copiosa de dinero y por el contrario, si funcionaba, todos contentos. Bueno, bonito y barato. En la cuna del emprendimiento, que es Estados Unidos, este modelo ha funcionado muy bien catapultando algunos proyectos a base de decenas o centenas de miles de inversores, cada uno aportando unos pocos dólares a cambio de un producto o servicio, normalmente interesante y pionero en el mercado. Yo mismo participé hace unos años aportando $85 USD al lanzamiento de este interesante producto en Estados Unidos.

Pues como esto estaba empezando a funcionar en España, el [des]gobierno parece que planea joderlo. La idea es también sencilla: Si esto funciona como Dios manda, se le acaba la posición de abuso a mis amigos los banqueros y no pueden seguir quedándose con las casas de los prójimos, así que vamos a “regularlo” para poner las cosas un poco más difíciles todavía al currito de turno. Y yo traduzco lo que supongo que piensan los políticos: como hemos jodido por completo el acceso a la financiación de los emprendedores y micro-empresarios, y el propio mercado ha encontrado la manera de sobreponerse a estas zancadillas, que nosotros hemos creado con la inestimable ayuda de nuestros amos, los banqueros, tenemos que destruir la salida que han encontrado mediante el crowdfunding y seguir castigando el emprendimiento, las buenas ideas y las ganas de hacer algo.

Entre otras cosas, lo que el [des]gobierno planea es que las plataformas de crowdfunding, que son simplemente unas webs en la que se reúnen emprendedores e inversores en potencia, tengan que registrarse en el Banco de España, en la CNMV, tener un capital social de al menos 50.000€ y/o un seguro de responsabilidad civil de 150.000€. Vamos, que como es de esperar, y como quien no quiere la cosa, el Banco Santander, el BBVA y el Sabadell imagino que se van a convertir -en breve- en las únicas plataformas de crowdfunding legales en España. Una vergüenza -para los que aún tenemos cierto sentido de la vergüenza, claro.

Nuestra mediocre sociedad con sus mediocres cretinos que la gobiernan a la cabeza jamás contará con un Mark Zuckerberg que creó Facebook desde su habitación del internado de la facultad, jamás tendrá un Steve Jobs, que creó Apple desde un garaje Californiano, jamás verá a un Bill Gates que creó Microsoft desde un despachito alquilado en Alburquerque en Nuevo México, jamás permitirá que un Larry Page y un Sergey Brin, estudiantes de doctorado, creen Google… No sigo que me deprimo.

Cuando lo lógico sería analizar la regulación que existe en el país de origen de este modelo empresarial, estudiar los magníficos resultados que allí se consiguen y liderar un proyecto similar en España fomentando la creación de proyectos y la inversión privada, aquí hacemos justamente lo contrario. Obviamos todo aquello que hace que el sistema funcione, creamos unas reglas que dificulten el modelo y jodemos, una vez más, algo que funcionaba.

Creo que se estima que en 2013, se invirtieron en España en modelos de crowdfunding alrededor de 10 millones de euros. A ver cuanto se invierte una vez se apruebe esta ley que, entre otras cosas, limita inversiones máximas por persona en proyecto (3.000€) y al año en general (6.000€). Debemos ser el único país de idiotas que limita las cantidades que la inversión privada puede realizar en proyectos empresariales privados. ¿No es curioso que este gobierno de derechas cercene la libertad de inversión en proyectos privados? De verdad, que es de chiste. Yo propongo cambiar el nombre de este país a Mediocres, S.A., porque supongo que nadie me negará que nos viene como anillo al dedo.

La Burocracia en Internet

Logos de WhatsApp y Facebook
Logos de WhatsApp y Facebook

¡Buenos días! ¡Hola Mundo!

Han pasado 9 meses desde mi último post en este blog. Una larga siesta, un sueño reparador, o tiempo incluso suficiente para tener otro hijo. No, no os asustéis, que no estoy por la labor en estos momentos… Estaba simplemente retirado, harto, hastiado, hasta las narices de cabrearme con las noticias, con lo que hacen con nosotros; cansado de la envidia y la mediocridad que impera en este país, y decidí dar un paso a un lado para dedicarme a mi familia, a mis cosas, y a dejar que todo se solucionase por si solo. Obviamente, nada se ha solucionado en este tiempo, así que voy a volver, aunque sólo sea fugazmente y de vez en cuando.

Hoy quiero retomar este blog, motivado por mi amiga Belén que me dijo que lo de la dieta para adelgazar y mis libros está muy bien, pero que ya está harta de mis recetas y de filetes con ensalada, y que echaba de menos mis reivindicaciones, mi puntito sarcástico, mis posts sobre ineptos, sobre guerras, sobre el mundo y sobre las cosas que nos encontramos cada día.

Sigo desconectado de las noticias -excepto de las deportivas, claro- y pretendo seguir así, pero hay vida más allá de los telediarios y de la prensa. La vida está en el resto de cosas que ofrece Internet, y que desgraciadamente los anormales de siempre se están encargando de burocratizar a pasos agigantados.

Ciudadanos del mundo, ¿alguno de ustedes no se ha enterado todavía que cuando navega en una por una página web ésta puede utilizar cookies para almacenar información “teóricamente” personal y utilizarla para mejorar sus productos y servicios? ¿De verdad tenemos que hacer click en el mismo aviso en cada página web que vemos? Esto, que es una medida ideada por algunos políticos burócratas, tiene sentido para gente de su capacidad intelectual. Como tienen poca o ninguna actividad cerebral creativa, necesitan que les recuerden cada vez lo mismo -y aún así no se enteran- pero el resto del mundo, ¿porqué tenemos que tragarnos esta incomodidad? Oiga, no me repita lo mismo en cada página, me enteré la primera vez que leí el mensajito.

He leído que el borrador de modificaciones a la ley del juego que se prepara, en lo que respecta a las máquinas recreativas por Internet, va a funcionar de forma análoga: cada X minutos nos van a avisar de que llevamos X minutos jugando, de cual es nuestro saldo y de cuanto dinero llevamos gastado. Oiga, tengo conciencia del tiempo desde que tenía 5 o 6 años y me jacto habitualmente de ser bastante puntual y soy perfectamente capaz de mirar en la pantalla para ver mi saldo sin necesidad de que un mensaje incómodo aparezca e interrumpa lo que estoy haciendo cada cierto tiempo para recordármelo. Yo preferiría que, cada vez que compro algo, ya sea por Internet o en persona, un mensaje me recordase que una parte de esos impuestos que estoy pagando por comprar algo acaban financiando partidos políticos y sindicatos. Eso si que es un buen corta-rollo a la hora de detener el consumo, si es que eso es lo que pretende el gobierno de turno con esta medida. No me digan cuanto llevo gastado, díganme que parte de lo que gasto acaba en sus bolsillos y verán lo rápido que dejo de gastar.

Luego está el tema de la ley de protección de datos. No hay cojones -disculpen señoritas mi francés- de hacer ninguna transacción en Internet sin tener que aceptar la política de protección de datos de la empresa con la que queremos interactuar. Esto tendría cierta lógica si cada política fuese distinta, pero es que resulta que son idénticas todas. Un espabilado hizo el primer texto, que además era infumable, y los demás lo copiaron y pegaron. ¿De verdad es importante que yo marque la casilla de que acepto las condiciones de venta y la política de protección de datos de Renfe antes de comprar un billete? ¿O la de Correos antes de pagar por enviar un burofax? Joder, si no hay alternativa: o la aceptas o no viajas; o la aceptas o no envías el burofax. Por lo tanto, no es una elección libre, sino una obligación y, siendo una obligación, ¿para qué demonios hace falta pinchar en el botoncito de marras? Pues eso, para perder nuestro tiempo y crear más documentación y más burocracia.

Según leo en el propio Facebook, que se ve que no utiliza su maléfico poder para censurar, la unión europea, en boca de un tal Thilo Weichert, director de la oficina de regulación de la privacidad en Alemania con sede en Schleswig Holstein, que debe ser un pueblo al norte de los Pirineos -digo yo-, no tiene reparo alguno en llamar al boicot contra WhatsApp ¡porque esta aplicación no incluye una política de protección de datos! Este pobre debe ser -además de político- imbécil. O sea, para comunicarme por WhatsApp debería ser necesario aceptar una política de protección de datos según parece. ¿Que será lo siguiente? Mi cerebro tiene la capacidad de recordar las cosas que usted me dice, y de almacenarlas y de procesarlas para permitirme mejorar mis dotes sociales cuando interactúe con usted. ¿Debo obligarle por tanto a pincharme en un ojo con el dedo índice para que quede claro que usted ha aceptado mi política de protección de sus datos? Hay que joderse…

Dice el tal Weichert que tanto Facebook como WhatsApp (ambas americanas) se han negado a acatar las normativas de seguridad y de privacidad de datos establecidas por la U.E. y yo añado que, como todo el mundo sabe, todo ciudadano de la unión europea es un James Bond en potencia y sus comunicaciones deben ser cifradas en todo momento y protegidas de la vista de los demás por su importancia estratégica mundial.

Creo que más bien somos el Superagente 86 por la continuada gilipollez en que vivimos. De todos modos, lo que debería abrirnos los ojos, lo más interesante de todo este post, es que siendo Facebook tan malvada y WhatApp tan insegura, son nuestras herramientas de comunicación favoritas, y ganan por goleada histórica a las recomendaciones de este burócrata alemán, unas aplicaciones europeas “seguras” llamadas Threema y myEnigma que todo el mundo conoce y utiliza a diario… en el entorno familiar de los desarrolladores.

A lo mejor, Sr. Weichert, lo que queremos usar son herramientas que no se pasen la vida recordándonos la importancia de proteger datos tan trascendentes para el futuro de la humanidad como a qué hora quedamos con otra persona, la foto del último atardecer chulo que hemos hecho, mi receta de cazuela de pescado o el chiste soez de ese amigo que todos tenemos y que nos envía de media dos o tres idioteces diaria vía WhatsApp. Mire, deje de dar por culo creando más y más reglas absurdas que incomodan al usuario y dedíquese a no hacer nada, que últimamente es lo más productivo que espero de ustedes, los políticos.

Que a gusto me he quedado 🙂