La Maldita Guerra

Desolación
Desolación

En más de una ocasión vi a mi abuela Conchita sollozar la frase “esa maldita guerra destrozó nuestras vidas” con los ojos absolutamente inundados en lágrimas de rabia contenida cada vez que salía el tema de la guerra y la posguerra. Empiezo a tener un sentimiento parecido al suyo acerca de esta crisis.

Ciertamente no se ven cadáveres en las cunetas ni hay bombardeos en las ciudades, pero esta situación está arruinando la vida de millones de personas. En los últimos meses, soy cada vez más consciente de situaciones límite a mi alrededor. Personas que han trabajado duramente para labrarse un futuro durante años, que han pagado impuestos religiosamente y que han contribuido de manera activa al sostenimiento del mal llamado estado del bienestar, comprueban con estupor como todo lo que habían conseguido se esfuma por el retrete al mismo ritmo con que algunos políticos compran cocaina con dinero público u otros se hacen retratos en el congreso. Es jodidamente grotesco.

Familias arruinadas, negocios que cierran, personas físicamente desmejoradas y anímicamente machacadas… este panorama no es muy diferente al de la guerra, armas y muertos aparte. Ya no se trata únicamente de poder permitirse esto o aquello. Se trata de tener verdaderas dificultades a la hora de llegar a fin de mes. Lo vi en algún amigo al principio de la crisis. Lo vi en otros pocos en el último año; pero en estos últimos meses, me encuetro con gente por todas partes que está bien jodida. No me refiero a que les haya bajado el trabajo o los ingresos. Me refiero a que se hayan extinguido ambos.

Conforme los damnificados van quedando en el camino, la carga se hace más insoportable para el resto e, indudablemente, llegará el momento en que será imposible de soportar. Porque, paralelamente a la merma generalizada de ingresos, aquí nos suben casi a diario los costes de producción.

Esta mañana (por el miércoles, que es cuando he escrito esto), camino a mi oficina, he parado a repostar combustible. 85 litros, 125€ mal contados. Si alguien me dice hace diez años que llenar el coche me va a costar 21.000 pesetas le digo que está loco. Después, un par de kilómetros pasado el Clínico dirección Cártama, me ha pillado un radar móvil camuflado en un coche del que sobresalía ligeramente una escalera por una ventanilla. 139 Kmh/h en zona de 100 Kmh/h. 300€ de multa, otras 50.000 pesetillas de nada. ¿Por qué la Autovía del guadalhorce es zona de 100 km/h? Mi desplazamiento al trabajo en el día de hoy me ha salido por 425€, unas 70.000 pesetas. Hace diez años esto era impensable, pero lo que es devastador acerca de esta crisis es que hoy, hay mucha gente que gana menos de lo que ganaba hace diez años, si es que todavía ganan algo. Ayer mismo me decía un amigo, con bastante buen humor y capacidad de autocrítica, que se había convertido en un “Nuevo Pobre” y que lo lleva mucho peor que cuando se hizo Nuevo Rico, aunque con menor preocupación, pues dice que prácticamente no le queda ya nada más por perder.

Este estado feudal en que nos hemos convertido, con una clase política erigida en señores recaudadores que malgastan el dinero obtenido con el esfuerzo de los plebeyos -que somos todos los demás- tiene a los banqueros ejerciendo de clero medieval apoyando sus barbaries. Mucho me temo, que de no dar un giro radical a nuestra actitud, de esta guerra no nos libra nadie… a ninguno. Y desde luego, con esta huelga, menos.

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Mercado Laboral

Ministro de Trabajo
Ministro de Trabajo

Como diría aquel, tengo un amigo que tiene una empresa y está empezando una iniciativa nueva y precisa contratar personal. Dada la coyuntura actual, mi amigo pensó que habría algún tipo de ayuda para fomentar el empleo y que por tanto, cabía la posibilidad de contratar a más personas si el coste colateral (seguros sociales) estaba de algún modo bonificado. Después de todo, mi amigo es un idealista y realmente creía que el objetivo de los políticos era atajar el paro e incentivar el empleo. Quizás la palabra más adecuada no es idealista sino tonto.

Pues bien, con estas medidas en mente, mi amigo realizó una campaña de captación de aspirantes a cubrir los puestos de trabajo. Ofrecía sueldo y condiciones según convenio y además, un buen paquete de incentivos cuantificables y bonus aplicables, todo ello fácilmente mesurable y recogido en el contrato, convirtiendo la oferta de trabajo en suculenta al compararse con las de la competencia. Además, incentivava sobremanera la productividad. A trabajo mejor realizado, mayores ingresos. Vamos, lo que viene a ser la empresa privada.

La respuesta inicial a la oferta fue espectacular. Se recibieron cerca de 1.000 curriculum en unas dos semanas. El equipo directivo de mi amigo había diseñado escrupulosamente un programa de reclutamiento que permitiese seleccionar no sólo a los candidatos mejor preparados, sino a los que tuviesen una mejor predisposición y actitud hacia la oferta. Aquellos con ganas de trabajar, de integrarse en la empreas y de crecer con ella. En este programa, se incluía una entrevista telefónica inicial, unas pruebas personales a realizar en la sede de su empresa y, finalmente, una prueba de grupo con los finalistas para elegir a los candidatos y formar una bolsa de futuras incorporaciones de la que la empresa pudiese tirar si la iniciativa funcionaba correctamente y hacía falta aumentar la plantilla. Vamos, un proceso que puede considerarse profesional, moderno y ético. Después de todo, mi amigo se juega los cuartos para obtener un beneficio propio, pero en el transcurso genera trabajo, riqueza y bienestar.

Bueno, pues la primera en la frente. De los candidatos que pasan la entrevista telefónica y son citados a las pruebas personales, cerca del 50% se descalifica automáticamente, bien por no asistir, bien por llegar desmesuradamente tarde y con las más ridículas excusas, bien por aparecer con su madre en zapatillas, o, incluso, por mostrar una absoluta falta de higiene personal que no sólo atenta contra la imagen de la empresa, sino que también lo hace contra el bienestar del resto de trabajadores. Vaya país! 5 millones de parados y la gente ni se ducha para ir a una entrevista de trabajo! Así nos va!

Pero lo mejor estba por llegar. Después de seleccionar a los nuevos trabajadores, mi amigo descubre que, en realidad, no hay ayudas al fomento del empleo. Supongo que los políticos gastan los fondos públicos en subvencionar cine español o en apoyar iniciativas similares que también generan riqueza, aunque sólo a los Bardén y compañía. En efecto, existen algunas “ayudas” para el fomento de empleo pero los candidatos de mi amigo, ninguno de los 9, no cumplen los requisitos. Las razones son de lo más diversas y vienen a ser algo así: El que lleva parado más de un año no tiene hijos. El que tiene hijos, lleva parado tres años pero tiene estudios superiores. El que no tiene estudios superiores tiene una suegra del Barca. La señorita cuya suegra no es del Barca fue una vez de visita a Timor Oriental y, un parado de larga duración, mayor de cuarenta y cinco años, que ha hecho cursos de formación durante el tiempo que ha estado parado, no cumple el requisito de altura… el pobre es bajito (y “utilizo” la palabra “pobre” con generosidad lingüística).

Total, que aunque mi amigo había contado en sus planes con unas bonificaciones en los seguros sociales que le permitirían contratrar inicialmente a 8 o 9 personas, tuvo que reducir sus planes a 4 o 5 y, por ende, modificar los plazos de su plan de negocio, ralentizar la generación de empleo, riqueza y bienestar.

Y claro, mi amigo se pregunta si merece la pena arriesgar su dinero fomentando el empleo en este país teniendo en cuenta que los recursos públicos se gastan en las partidas más estúpidas y el esfuerzo para fomentar el empleo y la riqueza recae única y exclusivamente en los pobres (en su más amplio sentido) pequeños y medianos empresarios que arriesgan su patrimonio en el camino. Mi amigo es tonto y piensa que si, que merece la pena arriesgar. Yo, en el fondo, creo que no. Si el estado no fomenta el empleo, ¿porqué lo tengo que fomentar yo? ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?