Carta a Endesa

Recibo esta mañana de mi primo un curioso correo electrónico que reproduzco por su valor humorístico, cuando menos.

Carta de Endesa a usuario canario y respuesta de éste:

(I Carta de Endesa)

“Estimado señor:

Endesa Distribución va a proceder próximamente a la sustitución de su contador de electricidad por uno nuevo que dispone de capacidad de Telegestión, en cumplimiento de la normativa vigente (RD 1110/2007 de 24 de agosto y Orden TC/3860/2007 de 28 de diciembre). El nuevo sistema de Telegestión permitirá entre otras funciones la lectura a distancia de su consumo. 

A lo largo del próximo trimestre, un operario autorizado por Endesa sustituirá el contador que usted tiene actualmente instalado. Si su contador se encuentra en el cuarto de contadores o es accesible desde el exterior de su vivienda, no será necesario que usted esté presente. En caso contrario, el operario se pondrá en contacto con usted para poder realizar el cambio de contador.   

El coste de la sustitución correrá a cargo de Endesa y usted sólo tendrá que abonar una cantidad en concepto de Derechos de Enganche, que según se establece en la legislación actual asciende a 9,04 euros. Por otra parte, el coste mensual de alquiler del contador a aplicar será de 0,81 euros.   

Si necesita cualquier aclaración sobre esta sustitución o desea realizar alguna consulta, puede contactar con nosotros dirigiéndose al Teléfono de Atención de Endesa Distribución Eléctrica 902 509 600. Estaremos encantados de atenderle.   

Agradeciendo de antemano su colaboración, reciba un cordial saludo”.   

II (Respuesta)

“Estimados señores de Endesa Distribución:

He recibido su amable carta de fecha indeterminada (porque no la ponen) en la que me comunican una serie de hechos consumados basados, naturalmente, en que ustedes como monopolio hacen siempre lo que les sale de los electrones y a nosotros, como miembros de la honorable manada de borregos forzosamente consumidores, nos queda la única opción gozosa de pagar.   

Les dirijo esta carta porque en el texto que me han enviado, como a otros muchos miles de consumidores, supongo, existen algunas cuestiones que me han sumido en un estado de estupor, catatonia y asombro. O dicho de otra forma, que me han fundido ustedes los plomos.   

Porque vamos a ver. Me dicen ustedes amablemente que van a proceder a cambiarme “mi” contador de electricidad. Una cuestión bastante curiosa porque resulta que en el desglose de la factura que les pago a ustedes todos los meses les abono una cantidad en concepto de alquiler de contador. Y digo yo, ¿cómo es posible que les haya pagado un alquiler por algo que  era mío? ¿Habrán incurrido ustedes, mi querido monopolio, en un involuntario y pequeño error por el que me han estado cobrando indebidamente una modesta pero significativa cantidad a lo largo de los últimos años?   

Sigo adelante con la carta y observo que me cuentan ustedes que el nuevo contador permite la lectura a distancia (es decir, más gente al paro, me temo, maldita tecnología) lo cual, como fácilmente comprenderán, a los usuarios nos la refanfinfla. Dicho de otra manera, que me da igual que lean ustedes el contador a medio metro o desde las quintas chimbambas, a condición de que las lecturas sean las reales.   

Añaden que el coste de la sustitución -en cumplimiento de la normativa legal- correrá a cargo de Endesa. Y digo yo que faltaría más que nos cobraran a nosotros por algo que ni hemos pedido ni maldita la falta que nos hace. O sea, que les agradezco la información aunque me resulte irrelevante. Lo que me llena de asombro es que me indiquen que “solo” tendré que abonar “una cantidad en concepto de derechos de enganche que según la legislación actual asciende a 9,04 euros”. Vamos a ver, querido monopolio, ¿cómo nos van a cobrar a los usuarios un reenganche de un desenganche que ni hemos pedido, ni hemos contratado? Porque digo yo que porque a ustedes les salga del flujo de electrones cambiar los contadores, como les podría dar por cambiar esas divertidas torretas eléctricas de colorines con las que generosamente nos han adornado las autopistas para mejorar nuestra imagen turística, ¿a mi que me cuentan? Eso del derecho de enganche, que debe ser un asunto más complejo que el derecho romano, es un devengo que se produce cuando un usuario se da de alta en la red por primera vez o lo vuelve a hacer después de que le hayan cortado la luz por impago. ¿Pero cómo le pueden cobrar enganche a un consumidor que no se ha desenganchado, que está al corriente de sus pagos y que tiene un contrato vigente con ustedes para el suministro en unas condiciones pactadas?     

Es que si tenemos en cuenta que tienen ustedes, un suponer, 600.000 usuarios en Canarias, a casi diez euros por barba, se van a embolsar así como quien no quiere la cosa unos seis millones de euros, que hay meses que no los gana uno, créanme, aunque sea expresidente de Gobierno y además de llevarse 80.000 del ala al año limpios de polvo (aunque no me consta que de paja) cobren por hacer de lobby para algunas de las grandes empresas españolas.   

Lo que ya me descalabra completamente es que añadan -supongo que intentando convertir la carta en un relato kafkiano- que el coste mensual del alquiler del contador a aplicar (un lapsus sintáctico porque en todo caso querrán decir ustedes ·el costo mensual a aplicar del alquiler del contador…·) será de 0,81 euros. A veeeeerrr. Si el contador es mío ¿me van a pagar ustedes 0,81 euros mensuales? ¿O será que realmente el contador es de quien es -es decir, de ustedes- y amablemente me comunican que me van a cobrar esa módica cantidad mensual?. Y si es de ustedes, ¿por qué principian hablando de “mi” contador?  

Queridos amigos del monopolio. No se líen. El contador es de ustedes. Lo era antes y lo es ahora. Por eso me cobraban antes el alquiler y me lo van a cobrar ahora. Y lo cambian ustedes por imperativo legal, con lo que esa pretensión de cobrarles diez euros a los usuarios me parece sencillamente que es sacar las patas del tiesto y echarle un poco de morro al asunto. Sobre todo porque lo que realmente se callan en su amable carta -en las cartas, como en la vida, es más importante lo que se calla que lo que se cuenta- es que el nuevo contador tecnológicamente avanzado que nos están cascando por decisión unilateral les va a permitir a sus señorías detectar a aquellos usuarios -viviendas, oficinas, bares, restaurantes y otros- que están consumiendo ligeramente por encima de la potencia contratada. O dicho de otra manera, que aquellos consumidores que tienen con ustedes un contrato de potencia de 5 kw y resulta que de media están consumiendo un poco por encima -que como bien saben son un porrón- van a tener que pagarles esa energía extra con un sustancioso recargo y, de propina, estarán obligados a realizar un nuevo contrato de mayor potencia. Es decir, que con esos nuevos contadores van a detectar ustedes los pequeños sobreconsumos que ahora se les escapan, van a cobrarlos con banderillas y van a hacer el negocio redondo aumentando el rango de potencia de los contratos. Ustedes lo saben. Yo lo sé. Los usuarios no lo sabían.   

Resulta descorazonador que mientras hacen ustedes todo esto, la gente que se supone que representa los intereses de los ciudadanos sigan discutiendo del sexo de los galgos y los podencos. Si esto fuera un libre mercado, allá penas porque estarían ejerciendo con toda legitimidad sus derechos como empresa y los usuarios estarían en condiciones de elegir. Como resulta que tienen ustedes el monopolio real de la distribución no estamos hablando de un mercado libre y las reglas del juego deben ser distintas. Desde luego no deberían pasar porque ustedes hagan lo que les salga del forro de los cajones de los electrones y a los usuarios, forzosos, no les quede otra que tragar.

Les agradezco su amable y distorsionada información en torno a sus planes para apretarnos un poco más los bolsillos, les recomiendo encarecidamente que su grupo de producción compre energías renovables de los nuevos parques eólicos del Cabildo de Tenerife (y de paso quesos, vino, yogures, piensos, vacas… o jugarse incluso unas perritas en los casinos de la casa) y les aseguro que como se les ocurra cobrarme diez euros por un reenganche que no he pedido, pienso acudir a la Organización de Consumidores y Usuarios para que no me hagan ni puñetero caso, perder el tiempo, frustrarme y pensar una vez más que estamos indefensos ante los monopolios, los mercados intervenidos y los ineptos que se suponen que tienen que defendernos. 

Reciban un cordial saludo. 

III (PD)

PD. El número de información al que me indican en la carta que debo llamar (el 902 509 600 de Atención al Cliente de Endesa Distribución Eléctrica) es un call center -como dicen los modernos- que está en Madrid (me gustaría que creen puestos de trabajo donde yo pago, no sé si me entienden). Te atiende primero un sistema robotizado y luego una amable persona que solo acierta a repetir el manual de la compañía que viene a ser: “Le entendemos, pero le vamos a cobrar. Esto es lo que hay”. Ah. Y el número es de tarificación especial, de pago, con lo cual además de esperar, preguntar y no tener respuesta, también terminamos pagando. Por cierto, por mucho que me he leído las disposiciones legales que citan en su carta -y otras- sobre el cambio en los equipos de medidas básicos, por ninguna parte he visto otra interpretación que la de que son ustedes los que deben instalarlos y pagar el coste de la instalación.

Estado de Miedo (y III)

Hay dos frases de Albert Einstein que me gustan por encima de todas las demás: “Todos somos muy ignorantes, lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas” y “Si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo”. También me gustan muchas frases de Woody Allen y Groucho Marx, en cuya lápida, lamentablemente, no figura el famoso epitafio que le atribuyen que reza “Disculpen que no me levante” que hubiese sido el broche de oro a una vida excelentemente cargada de humor y sarcasmo. Lo que no es una leyenda urbana es el tema de la ignorancia humana al que me refería al citar a Einstein. Independientemente del momento que nos toque vivir, en cada ciclo de nuestras vidas, siempre venimos sometidos al yugo del “Estado de Miedo” impuesto, como ya he repetido, por la clase más ignorante que existe, que es la política.

Tengo que admitir que, puestos a tirar de hemeroteca, las frases de los políticos son mucho más divertidas que las de los genios de nuestra era. La última, destornillante, es la de nuestro presidente admitiendo que “ha descubierto que los parados que reciben cursos de formación están en realidad trabajando para el estado”. Menos mal que no le dió por estudiar física o bioquímica porque me asusta pensar que narices hubiese descubierto. No me cabe duda que, fuese lo que fuese, implicaría necesariamente el fin de la sociedad, tal y como la conocemos, y con algún gas de por medio para variar. O sea, el fin de Microsoft y Google, de los Smartphones y las PDAs (espera, creo que estas ya han desaparecido…), de la TDT y de, en general, la mayoría de los acrónimos de tres letras que usamos a diario.

Lo cierto es que la clase política se pasa la vida cambiando los planes de formación públicos. No por casualidad, las generaciones que van surgiendo son cada vez más ignorantes en general. El mejor método que existe para mantener el “Estado de Miedo” es sin duda la paulatina analfabetización de la sociedad. Cuanto menos sepas, más fácil es que te creas mis mentiras. Yo, de hecho, cuando me comparo con mis generaciones precedentes (e incluso a veces con mi misma generación) a menudo me siento bastante ignorante. Ahora bien, cuando miro por el retrovisor, me siento mucho más tranquilo. Si bien es cierto que todos vamos a ser ignorantes siempre, lo menos que se puede hacer es leer un poco y documentarse antes de hablar para no aparentarlo. Cualquiera que hubiese leído datos reales acerca de cualquiera de los miedos que hemos vivido sabría que no estaban sustentados en realidades científicas. Claro que tampoco podemos pretender que todo el mundo lea las revistas de divulgación científica cada vez que salga una noticia en un telediario o sea portada de un periódico. Sin embargo, tenemos una ventaja, al menos en gran parte de occidente, que otras generaciones precedentes no tuvieron, y esta no es otra que la facilidad y velocidad de acceso a la información. Podemos comprobar las noticias, hacer cuentas, leer las de un lado y las del otro, y tomar posiciones propias basadas en el conocimiento adquirido. Todos seguiremos siendo ignorantes, pero cada vez seremos más lo que no ignoramos las mismas cosas, que diría el Sabio.

Pongamos un ejemplo práctico: nuestra Atmósfera. Todo el día escuchando milongas sobre las emisiones de CO2 (dióxido de carbono) y basta una consulta en Google o Bing para constatar que está comprobado y medido que el CO2 representa en torno al 0,046% de la Homosfera, la parte más baja de la Atmósfera, o sea, la que respiramos y en la que vivimos la mayoría, porque yo sostengo que muchos viven en el limbo, que está mucho más arriba, no tiene cantidades significativas de oxígeno y esto, obviamente, les afecta al cerebro. En efecto, nuestra Homosfera está constituida mayoritariamente por nitrógeno (78%) y oxígeno (21%). Es más, tiene una curiosa propiedad: Tiene una composición constante y uniforme. Sin embargo, nos han metido en la cabeza que las emisiones de CO2 producidas por el ser humano son un factor determinante en la destrucción de la ya tan susodicha sociedad actual. Basta indagar un poco en los artículos que van apareciendo en las búsquedas para aprender que una erupción volcánica produce más CO2 que todas las emisiones producidas por el hombre en un año o que, incluso, el ganado mundial produce también más gases de efecto invernadero que el ser humano. Esto último lo han aprendido algunos progres de salón y ya preparan una ley para reducir los ganados a base de prohibir lo que consideran un excesivo consumo de carne que contribuye al cambio climático. Pero de prohibiciones hablaremos otro día.

Otro ejemplo: Todos y cada uno de los documentales y artículos apocalípticos hablan de que el cambio climático elevará el nivel del mar. También se puede hacer una búsqueda acerca del nivel del mar, aunque recomiendo lecturas más gratificantes que la Wikipedia como “Noticias desde un Universo Desconocido” de Frank Schätzing que es en sí la propia historia de los océanos, desde su creación hasta la actualidad. Leyendo de una u otra fuente puede apreciarse que el nivel del mar no es uniforme. No lo es en las orillas y mucho menos en la vasta inmensidad de los océanos. Muy al contrario, sube y baja en función de donde nos encontremos y no me refiero ni mucho menos a centímetros, que es la únidad que estos ignorantes usan para medir sus predicciones, sino a auténticas cordilleras de agua salada. Muchos factores influyen en el nivel de los océanos. A los que argumentan que se está descongelando el Ártico y por tanto está subiendo el nivel del mar habría que mandarlos a clase de física y, a la salida, explicarles que se está congelando el Antártico a un ritmo igual o superior lo que, a priori, garantiza la estabilidad de la ecuación. Pero, de un modo o de otro, hay que aprender sobre lo que realmente hace que esto esté ocurriendo en un polo y en el opuesto, y basta un poco de lectura para constatar que hay muchos elementos que influyen en esto mucho más que el CO2, como por ejemplo la actividad del Sol, que, la última vez que comprobé, no era todavía controlable por el ser humano, ni siquiera con un iPad.

Podría extenderme rebatiendo uno tras otro todos los supuestos efectos del cambio climático y las presuntas causas del mismo, pero no es ese el espíritu de este conjunto de artículos. La idea es llamar la atención sobre el problema del “Estado de Miedo” y buscar una solución. La solución es cambiar. No me refiero a cambiar nuestros hábitos en materia de consumo energético, que es una patochada (aunque pueda ser rentable para el bolsillo viendo que van a volver a subir el precio de la energía eléctrica), sino cambiar nuestros hábitos de asimilación de la información y nuestra eterna creencia en que lo que dicen los políticos (y por ende repiten las noticias y los periódicos como papagallos) son, en gran medida, un conjunto de frases cargadas de ignorancia. Y justo porque abogo por ese cambio de hábito he citado al principio de este post la frase de Einstein. Si queremos que esta situación cambie no podemos seguir haciendo lo mismo. Manteniendo nuestra actitud, creyendo todo lo que dicen los políticos y perseverando en nuestros hábitos de asimilación de la información, no conseguiremos nunca un resultado distinto y, por ende, nuestra sociedad, tal y como la conocemos, cada vez de una manera, estará eternamente abocada a la extinción… o al menos eso nos harán creer continuamente.