El desequilibrio de la liga

Paradas Romero
Paradas Romero

Se ha escrito mucho sobre el supuesto desequilibrio que existe en la liga en virtud de los presupuestos que manejan Real Madrid y Barcelona y los que manejan el resto de equipos. Sin embargo, el gran desequilibrio que existe en nuestra liga no es ese, sino otro mucho más claro y perjudicial. Tenemos, de sobra, los mejores jugadores del mundo y, de largo, los peores árbitros. No creo, como muchos argumentan, que se trate exclusivamente de que exista el Villarato o no, que es obvio que existe, sino de las verdaderas razones por las que los árbitros arruinan partidos de fútbol como el de ayer. Paradas Romero arruinó el partido, pero no por el Villarato, sino porque es un pésimo árbitro. ¿Cómo de pésimo? Lo suficiente como para señalar una falta inexistente a Lass Diarra en el minuto cuatro de partido y sacarle una amarilla o amonestar con otra amarilla a Pepe, el asesino, por una clara agresión con el labio sobre la mano de un jugador del Villareal. ¡Este Pepe es un carnicero y ya agrede incluso con los labios! Pero, por encima de todo, Paradas es un pésimo árbitro porque en un partido en el que no hubo ninguna entrada dura digna de mención, el madrid acabó con 5 expulsados y ambos equipos cargadísimos de amarillas.

Los dos lances del encuentro que comentaba condicionan el partido y arruinan el espectáculo. Mourinho decide salir con tres centrocampistas porque conoce las virtudes en el toque de balón del Villareal en el centro del campo. Por lo tanto, a la pareja habitual Xabi Alonso – Khedira se une Lass. Para ello renuncia a Kaká porque entiende que puede aportar más un centrocampista en este partido. Al pitar esa falta inexistente y mostrar una amarilla a Lass en la que bien pudo haber sido la primera falta del partido, Paradas se carga el esquema táctico de Mourinho. Lass sigue en el campo pero ya no puede ejercer una labor de contención seria en el medio del campo porque está apercibido y puede irse a la calle en cualquier jugada. No puede frenar un contrataque ni entrar en los balones divididos. Mourinho es consciente de esto y Lass es sustituido en la primera parte por Callejón.

El segundo error de libro que condiciona el partido es mostrar la amarilla a Pepe cuando es Pepe quien recibe la falta del jugador del Villareal que le impacta en el rostro con la mano. Es una falta normal, no merecedora de tarjeta para el jugador del Villareal ni por asomo, pero este inútil no solo no pita la falta sino que encima muestra la amarilla a Pepe, que ya iba sangrando por el labio. La amarilla de Pepe hace que sea Sergio Ramos casi siempre el que salga al cruce en los ataques del Villareal, lo que acaba costándole una amarilla en una falta, probablemente merecida. Lo cierto es que los dos centrales del Madrid se cargan con sendas amarillas debido al error del árbitro.

Pero es que, además, este anormal de árbitro que pitó ayer estuvo en todo momento más pendiente del banquillo y las protestas -normales en todos los partidos- que del propio juego. Si hubiese prestado un poco de atención al juego hubiese visto que el partido no estaba, ni por asomo, para mostrar la cantidad de tarjetas amarillas que mostró a ambos equipos. El problema es que sacó la primera en una falta inexistente y puso el listón muy bajo. Después tuvo que sacar amarilla prácticamente en cada falta.

Dice en su acta que expulsó a Rui Faria por protestar una decisión con los brazos en alto. Claro, el meacolonias y los demás entrenadores y miembros de los cuerpos técnicos del resto de equipo no levantan nunca los brazos ni protestan. Este cretino expulsó a Rui Faria (y después a Mourinho) porque le mide un centímetro y su autoestima está por los suelos, y necesita reivindicarse y darse protagonismo. El muy gilipollas no entiende que la gente paga para ver partidos de fútbol y no espectáculos bochornosos como el que él mismo propició anoche. De la expulsión de Ozil ni hablamos… Al chaval, que todavía no habla Español, no le puede mandar a la calle por hacer comentarios, así que le saca roja directa por aplaudir. Vamos a ver, es discutible sacar una amarilla cuando un jugador aplaude una decisión. Lo normal es advertir. Pero desde luego, roja directa por aplaudir es un escándalo, una tropelía que sólo es capaz de cometer un árbitro del nivel de este bobo.

Los mejores jugadores del mundo han pasado por nuestra liga proveniente de otras y/o con destino a otras. Aquí, nuestros arbitruchos acomplejados no han dudado en expulsarlos a las primeras de cambio para darse notoriedad. En la Premier, por ejemplo, no recuerdo que expulsasen a Beckham por levantar los brazos en señal de protesta. En la liga, lo expulsaban día si, día también. Es una cuestión minipelotas. Como no tengo cojones y en mi casa no pinto nada, cuando salgo a arbitrar impongo mi ley, y si puedo, la impongo con los jugadores más mediáticos.

Lo cierto es que del mismo modo que importamos los mejores jugadores deberíamos importar los mejores árbitros porque, con o sin Villarato, la mayoría de los nuestros son unos auténticos desastres. Los arbitrajes como el de ayer son el motivo de que en el extranjero predominen los partidos ingleses en las televisiones de los bares. En todos mis viajes a Asia, Sudamérica, Norteamérica y Europa, rara vez he visto un partido del Madrid o del Barcelona en un bar, salvo que se enfrentaran ambos. Siempre he tenido que pelear para verlos. Argumentan, no sin razón, que no hay espectáculo en el fútbol Español. La realidad es que personajes como este arbitrucho les dan la razón. Este tío, en Inglaterra, no arbitraría ni un partido de regional preferente femenino.

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El Gas y la madre que lo parió

Gas Natural
Gas Natural

No es la primera vez que escribo sobre los servicios de atención al cliente de las grandes empresas, ni será la última. En una economía de libre mercado, uno puede elegir la empresa que desea que le preste los servicios en función de factores como son el precio del suministro o la atención que le brinda cada empresa. En España, estos factores son intranscendentes. El precio es siempre abusivo y el servicio rematadamente deplorable.

El caso es que ha llegado el gas natural a mi casa. Después de muchos meses de obras y de 3 visitas de la subcontrata de la a su vez subcontrata de la a su vez (si, van tres) subcontratra, por fin consiguen ponerme el contador y poner el marcha el servicio. La empresa distribuidora es Gas Natural Fenosa Distribución. Esta le subcontrata a Cobra la instalación. Cobra le subcontrata la acometida a Acom y Acom le subcontrata la puesta en marcha a Eurocivil. En total, 4 empresas para que llegue el gas a mi casa. Así de importante soy.

Cuando acaban me dejan una copia del contrato y en esta vienen las condiciones particulares, entre ellas el precio de alquiler de contador anual de 237€, muy lejos de los aproximadamente 20€ que me habían ofrecido cuando pedí información para darme de alta. Aquí empieza la odisea. Llamo al servicio de atención al cliente de Gas Natural (902 200 850). Allí me dicen que ellos son Gas Natural Fenosa y este es un tema de la comercializadora: Gas Natural Fenosa Comercialización. Bueno, me harto de paciencia y llamo al teléfono que me indican (902 200 605). Allí me saludan desde Gas Natural Fenosa Comercializadora, pero me indican que mi contrato es con otra empresa y tengo que llamarles a ellos. ¿Cúal es la otra empresa? – Pregunto intrigado. “Gas Natural Fenosa Distribución” – me contestan. Hago uso de la poca paciencia que me queda y me apunto el nuevo número de teléfono (902 330 003). Vuelvo a marcar y efectivamente me saludan desde Gas Natural Fenosa Distribución, quienes lamentan informarme que ellos sólo se dedican a la distribución del gas y por tanto no saben nada de mi contrato ni de los precios que en él aparecen y me indican que llame al 902 200 850.

Vuelta al primer paso, esta vez con poca paciencia y bastante mal humor. Llamo y me dicen lo mismo, que llame al segundo número. Llamo y me dicen lo mismo, que llame al tercer número. Llamo y me dicen que llame de vuelta al primer número. Protesto y me cuelgan. Vuelvo a llamar. Me vuelven a colgar. Vuelvo a llamar y les indico que en el contratro aparece este número y el nombre de su empresa. Me vuelven a colgar. Esto tendría tintes cómicos si no fuese un problema de calado generalizado en los servicios públicos. Gas Natural es una empresa privada, sí, pero presta un servicio público del que dependen millones de personas.

Curiosamente, el mismo día que me dieron de alta en Gas Natural solicité la baja de Repsol Gas, empresa que tiene instalado en mi casa un depósito y que me lo llena a precio de oro cada vez que se lo pido, y que cada mes, independientemente de que pida gas o no, me cobra 35€ mensuales por mantenimiento de su propio depósito. En 6 años he pagado más de 2.500€ por el mantenimiento de un depósito que no es mío y nadie ha venido por aquí a mantener nada. Esto si que es un robo y no lo del Dioni. Además, si no pido lo suficiente en un año (mi consumo ha bajado con la instalación de placas solares) me pasan una factura extra cobrándome retroactivamente el gas del año anterior a un precio superior al inicialmente cobrado. Supongo que debe ser una de esas medidas contra el cambio climático tan famosas: “si no consumes suficiente gas, voy te meto un palo por el culo amparado por las leyes que hacen los impresentables de nuestros políticos.” Pues bien, a día de hoy, la baja sigue sin tramitarse porque, según me dicen, hasta que un comercial me llame y me envíe los papeles, yo sigo de alta. Les pregunto si saben cuando me van a llamar o si puedo ser yo proactivo y llamar a algún otro número o incluso visitar al comercial (¿esto no era al revés antes y el comercial le visitaba a uno?). La respuesta es que no. Que me tengo que esperar y que la baja será efectiva cuando me llamen. Mientras tanto, a callar y a pagar. De la devolución del importe pagado por el gas que hay dentro del tanque (cientos de kilos) ni me molesto en preguntar porque ya se la respuesta. Hablamos de unos 750-1.000€, que no es moco de pavo.

Hace unos meses se fue la luz en mi casa durante un período prolongado de tiempo y llamé a Iberdrola, que es la empresa que me factura la luz, para hablar claro. Allí me indicaron que ellos son sólo la comercializadora y que tenía que hablar con la distribuidora, que es Endesa. Llamé a Endesa y ellos me indicaron que ellos no sabían nada de mi contrato y que si me factura Iberdrola tendría que hablar con ellos dado que yo ni siquiera aparecía en sus sistemas. De una forma o de otra, estuve cerca de 6 horas sin luz pasando de un 902 a otro hasta que, con más suerte que pericia, localicé un coche de Cobra (si, la subcontrata del Gas) con el logotipo de Endesa circulando por la urbanización. Hablé con los operarios y me dijeron que nadie les había informado del problema pero que como el transformador que abastece mi calle está hecho un desastre le iban a echar un vistazo. Efectivamente, media hora después se hizo la luz, en el sentido literal de la frase. Estos mismos operarios me dijeron que Endesa sabe que el transformador está hecho un desastre, pero no lo quiere cambiar.

A finales de año me llegó una factura de electricidad de mi empresa desorbitada con un recargo del 20% nada menos por, textualmente, “T.U.R.”. A este 20% se le añade en segunda instancia el I.V.A. correspondiente. Cerca de 200€ de sobrecoste en total. Hago mis indagaciones y “T.U.R.” significa “Tarifa de Último Recurso”, y esto significa que el gobierno (el que sea, me da igual) se inventó una “multa” del 20% para aquellos que no cambiásemos de tarifa ni de compañía con el fin de “incentivar” el libre mercado de la electricidad. Toda vez aprendida la lección, llamo a Endesa (en mi empresa, afortunadamente, Endesa es la Comercializadora y la Distribuidora y no me pueden mandar a Iberdrola) y allí me transfieren varias veces para hablar con el departamento de cambios de tarifa donde, cada una de las 10 o 15 veces que he llamado desde finales de año, me cuelgan el teléfono cuando llevo minutos esperando con la famosa musiquilla. En efecto, y si alguien no me cree que lo pruebe, es imposible cambiar de tarifa eléctrica telefónicamente, por lo que los que tenemos más de 10 Kw contratados, tenemos que aguantarnos con el impuesto revolucionario del 20% adicional. Que conste que he firmado los papeles del cambio de tarifa en persona con un distribuidor amigo, en dos ocasiones porque la primera vez se extraviaron los documentos, y sigo con la famosa T.U.R. en mi factura. Lo único que incentivó el gobierno con la T.U.R. es que las empresas nos facturasen un 20% adicional de manera indiscriminada.

Por último, para acabar de arreglarme el año, en Diciembre doy de alta una línea nueva con Vodafone. No pido ningún terminal porque ya tengo, pero me ofrecen un descuento del 25% en la tarifa de voz y datos si firmo una permanencia de 6 meses. Me parece interesante y lo firmo. El caso es que ya en casa, instalo la SIM en un terminal y no funciona. Me vuelvo a la tienda de Vodafone, me hacen un duplicado y sigue sin funcionar. Se abre una incidencia. Pasan 2 días y sigue sin funcionar. Me dicen que lo escalan a “incidencia técnica” y se dan un plazo de 72 horas para solucionarlo. Pasaron 5 días y la línea seguía sin funcionar. Podía realizar llamadas pero no recibirlas. Harto del tema, me persono en la tienda y les propongo dar de baja la línea y contratar un alta nueva. Respuesta: “No podemos dar de baja la línea porque tiene un contrato de permanencia.”

“Oiga, tiene un contrato de permanencia y yo tengo un contrato por el que ustedes se comprometen a prestarme un servicio que no me están prestando. Arregle la línea o deme una nueva, pero no me deje así”. Tres semanas y 2 altas de líneas nuevas después, he conseguido que el teléfono funcione. Entre medias, una reclamación que nadie me ha contestado y el daño colateral de dos líneas inactivas y (veremos la factura en breve) potencialmente facturables a mi nombre que, llegado el caso, Vodafone no podrá dar de baja porque yo firmé el alta, independientemente de que funcionen o no.

Y eso es todo. Así nos va. Así les va. Los ciudadanos jodidos sin tener donde caerse muertos y todas estas empresas, con sus connotaciones políticas cada una, dando, sin excepción, beneficios millonarios. Tenemos lo que nos merecemos.