Alicia en el país de las excusas

Alicia en el País de las Maravillas - De Tim Burton
Alicia en el País de las Maravillas – De Tim Burton

Dudo mucho que cuando el matemático británico Charles Lutwidge Dodgson -más conocido como escritor bajo el seudónimo de Lewis Carroll- escribió su famosa obra Las Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, hubiese visitado previamente España. De así haber sido, se hubiese imaginado sin duda para su libro otro tipo de maravillas distintas al mar de lágrimas, a la habitación del conejo blanco o al croquet de la reina. El nuestro es un país que encierra miles de maravillas, pero muchas de ellas son negativas y son las que me hacen escribir este post hoy.Llevo toda la semana encontrándome todo tipo de problemas en el trabajo. Paquetes que no llegan, proyectos que no se acaban en los plazos estipulados, llamadas que no se devuelven, dificultad para hablar con responsables comerciales a la hora de seleccionar un producto para comprar… en fin, justo lo contrario de lo que debería estar pasando en una situación como la que vivimos.

Lo lógico sería esperar que todo el mundo en su trabajo se aplicase al máximo para, entre todos, con trabajo y constancia, ir saliendo de este entuerto. Sin embargo, lo que yo me encuentro -que es lo que me maravilla, aunque sea negativamente- es desgana, desidia y poco interés por el trabajo allá por donde voy. Eso si: todo el mundo tiene una excusa.

Me he levantado mirándome seriamente la frente al espejo por si me habían colocado un cartel que dijese “cuénteme sus problemas” porque no hago más que escuchar excusas en forma de problemas allá por dónde voy. Vivo en el puñetero país de las excusas, en el que por algún motivo que se me escapa, la gente piensa que puede cagarla continuamente siempre y cuando aporte a su cagada una excusa.

– “Oiga, compré hace ocho días una pieza de fontanería que tenían en stock y es la tercera vez que llamo para saber porqué no me ha llegado todavía. Soy de Málaga y ustedes de Granada… me hubiese dado tiempo a ir por ella y volver andando.” y con dos cojones me contestan: “Es que hemos llamado a la mensajería local para preguntar por el paquete y nos han dicho que están muy ocupados y que ahora no pueden mirarlo.” ¿Debo entender que el tiempo del administrativo de la mensajería es más importante que el mío?

– “Oiga, me dijo que el plazo de entrega del proyecto eran 30 días y han pasado 63, lo que me está causando un enorme perjuicio económico”. Y me suelta “Es que con las vacaciones se nos ha complicado el trabajo.” ¿Es que acaso se enteraron de que tenían vacaciones en Agosto el mismo día que las cogían?

– “Oiga, llevo 20 minutos esperando que alguien me atienda para comprar unos embalajes personalizados”. Y me largan “Es que somos pocos y no damos a basto”. ¿Y a mí que me cuenta? Si son pocos contraten a más personas. Supongo que Rajoy se lo agradecerá.

– “Oiga, habíamos quedado en que me llamaba a las 10 de la mañana para hablar de este proyecto y son las 11:30.” Y me dice el muy subnormal “Es que no he tenido tiempo de llamar a esa hora”. ¿Para qué narices se piensa que agendo las llamadas telefónicas? ¿Para gastar huecos de la agenda y que quede bonita?

Todo esto que me lleva ocurriendo toda la semana me ha recordado a un empleado que tuvimos. Se llamaba Manolo pero no recuerdo su apellido. Le llamábamos Manolo Pollo porque tenía un Renault 5 color amarillo pollo. Este tipo, después de no aparecer durante cinco días por la oficina, se presenta de vuelta en la oficina sin parte médico ni volante de baja y me espeta “Siento no haber venido la semana pasada pero es que me estaba operando de un tumor cerebral y no pude venir.” Si, esa misma cara puse yo mientras miraba su melena larga y grasienta sin muestra alguna de haber sido rasurada en ningún sitio. No duró mucho… y no me refiero a que se muriese de un tumor ni mucho menos.

Lo normal, cuando alguien prevé que la va a cagar, es avisar. Si no voy a llamar a la hora convenida o no voy a entregar el proyecto en plazo, lo lógico es avisar a la otra parte con tiempo para que pueda ajustar sus propias tareas. Pero claro, eso es sólo lo lógico y este es un país de maravillas, no de lógica. Un país que inventa excusas de maravilla.